miércoles, 8 de mayo de 2013

En Japón

Pues sí, he recorrido más de medio mundo para verlo y sentirlo, literalmente, con terremoto incluido .
 
Podría contar muchas cosas pero centrándome en el tema de la caligrafía, te diré que imaginaba que habría papelerías y tiendas de pinceles por todo Japón.     Y no es así.    Aunque llevaba alguna dirección recomendada desde aquí, por unas cosas u otras no di con lo que quería.
Cargué la maleta con un tubo gigante para traer papel e incluso me lleve algunos de mis pinceles.
 
Pero quería ver y hacer todo en 15 días ... y todo no puede ser.


 
 
Como suele suceder en la vida, las cosas se ponen delante y se presentan solas, y eso ocurrió tras visitar uno de los templos en Nara; me di de bruces con una tienda dedicada más de 400 años exclusivamente a la caligrafía: Kobai-en; ¡parece ser que Nara es la cuna de los pinceles!

 

Allí sólo compré un par porque imaginaba que me encontraría con tantas diferentes ... estuve "charlando" con el dueño de la tienda, un señor mayor y adorable que me explicaba todo lo que tenía.

 Quiero destacar la amabilidad de los nipones y su interés por llegar a entendernos.
 
 Otra visita fue a la montaña de Yoshino y junto al templo vi cómo unos monjes preparaban tinta y...
 
 
 
No estoy muy segura, y no se si escribían plegarias o pensamientos en libros de rezos o se trataba de unos cuadernillos de visitas al estilo albergue del Camino de Santiago.
 
Me sorprendió también el tamaño del hanko, ¡fíjate!
 
 
Y en Osaka, al darle la espalda a un pachinko para evitar el ruido ensordecedor que le caracteriza, me vi frente a una tienda enorme de trabajos manuales en la que compré varios regalos.
 
 Elegí para mi un minihanko en madera que me llamó la atención.  
No había explicación en inglés, por lo que lo escogí, de entre todos los que tenían, sin saber el significado... y eran unos cuantos. 
 
   De estas cosas que suceden, en el tren de vuelta y de nuevo "charlando" supe que el kanji del hanko era momo (melocotón), como mi tienda japonesa preferida de Barcelona y como uno de los gatos de Hikari, mi maestra.
 Magias de la vida.
 
 
 
Y ya en Tokio pensé: ésta es la mía, aquí va a ser.   Y tampoco fue. Iba dispuesta a pasar una tarde loca de papelerías, tintas, hankos.    Y sí, fueron un par de tardes locas ... pero volví sin papel. Lo único que pude hacer fue agotar las existencias de shikishis que tenían en un supermercado 24h ...

Uno de los objetivos del viaje era traer material hasta llegar al aburrimiento, y no lo conseguí, pero vinieron conmigo muchísimos momentos, muchos, que mientras escribía esta entrada he ido recordándolos y sonriéndolos.

 

4 comentarios:

  1. Eso es lo mejor de los momentos, sonreirlos.

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  2. Que envidia me das...

    David

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  3. Estoy encantado oirte hablar de sonrisas, pero he visto como sonries a los momentos y eso me gusta mucha más. Un Beso.

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  4. Mi cuñada fue a Pekin en un viaje oficial y me mando un mensaje por si quería algo de allí. Sé que los encargos son un engorro y le dije que no quería nada. "Bueno, -añadí- si da la casualidad de que frente a tu hotel hay una tienda de pintura o caligrafía..." ¡La había! Y los pocos pinceles que tengo y unas muestras de diferentes clases de papel que tengo son de allí. La vida está llena de estas cosas.
    He disfrutado mucho con tu relato y fotos. Gracias.

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